A
este cuadro le tengo un especial cariño por ser uno de mis primeros óleos y el
primero en plasmar un poquito de mí. Aunque sea una versión de “Adán y Eva” y
“Las tres edades de la mujer” de Gustav Klimt, incluye muchos elementos
personales.
Lo
comencé en el verano de 2001. Por entonces estudiaba en la universidad de
Alicante y pintaba de verano en verano entre la época de exámenes. Mi tercer
verano, mi tercer óleo, tras un paisaje de una cascada de una foto y una
versión de “La noche estrellada” de Van Gogh. Todos hechos explorando la
técnica, probando, descubriendo… conforme a unos libros que leí de la
biblioteca. Tardé tres veranos más en acabarlo… ¡pintaba tan pocos días al año!
Mi
primer cuadro de grandes dimensiones y en el que me permití en parte de él “crear
sin mirar”.
Representé
la Vida.
El
Amor.
La
maternidad.
La
paternidad.
La
naturaleza.
La
oscuridad y la luz.
Y
las energías invisibles que lo envuelven todo.
La
unión hombre-mujer. Una enredadera fuerte y robusta, más material.
El
vínculo madre-hij@. Una enredadera sutil, más tierna y delicada, pero muy resistente,
más instintiva.
El
hombre tras la mujer. Contención de la madre, sustento y apoyo de la diada
madre-bebé, permitiendo la total fusión entre ambos.
En
un principio como fondo surgió el cielo, una gran nube, el mar, la arena rojiza
y la tierra repleta de flores silvestres de mil colores. Simboliza la unión del
ser humano con la naturaleza, el sentido de unidad con ella ya que somos la
misma esencia.
Las
estrellas y rayos de luz. La magia, la fantasía, el chi que está en todas las
cosas de la creación, en la naturaleza y en el ser humano.
Ahora,
con los años, veo los elementos y los reinos de la naturaleza. Aire, agua,
fuego, tierra y éter. Al igual que tras la maternidad, los libros que leí durante
el embarazo y la crianza y la formación de doula, he podido poner nombre a lo
que ya había pintado y saber que todo está en nuestro interior, aunque no
sepamos expresarlo verbalmente.
Es
increíble como un mismo cuadro visto en diferentes épocas de nuestra vida nos
puede hablar de cosas que antes no nos habíamos percatado. Cómo los mensajes
del universo nos llegan en el momento exacto que somos capaces de procesarlos. Cómo
todo está ante nuestros ojos esperando nuestra atención consciente para poder
verlo y aprovechar al máximo esa oportunidad.
Doy gracias a la vida por la
magia cotidiana que circula a mi alrededor y a veces me cuesta tanto apreciarla
y conectarme con ella.
Actualmente estoy realizando unos
encargos y los cuadros del curso de Pintura de Inspiración, así que pintando,
pintando no subo nada nuevo...pero prometo mostrar los trabajos que vaya
terminando.
De momento seguiré dándole forma al
blog. Me quedan páginas por terminar y me gustaría poner cuadros antiguos con
explicaciones. Todo a su tiempo.
Hoy os hablaré de la Serie
Silvialhena e iré mostrándoos sus cuadros.
SERIE SILVIALHENA
La
serie Silvialhena está formada por diversos cuadros donde se entremezclan el
mundo consciente e inconsciente, materia y espíritu, una representación del ser
más profundo que se expresa a través del amor y la vida, la creación, la magia
y el misterio. Pura energía espiritual sensible en movimiento.
Engloba
los óleos sobre la concepción y nacimiento de mi hijo Arán y otros cuadros como
“Vida” (versión de “Adán y Eva” y “Las tres edades de la mujer” de Gustav
Klimt), cuadro referente en mi propia vida.
La
serie “Doce Meses Doce Paisajes” está inspirada en paisajes de LaVall dels Alforins. Estoy muy agradecida de vivir
rodeada de tanta majestuosidad y hermosura y poder apreciarlos desde mi
ventana.
La
naturaleza me aporta mucha paz. Su contemplación, sumergirme en su esencia
divina, captar toda la belleza y color de cada detalle, ser testigo de su orden: puro, continuo.
Sus ciclos, donde cada elemento ocupa su
lugar en total armonía, siendo consciente de su función, de su perfecto anclaje
con el resto, único e imprescindible.
La
conexión con la naturaleza nos recuerda nuestro verdadero origen. Es parte
fundamental de mi pintura. Una auténtica maestra de vida.
Copos
de nieve,
geometría
sagrada perfecta,
belleza
intacta en estado puro,
manto
que lo cubre todo
en
apariencia inerte,
en
realidad manto de vida.
Y
en el deshielo,
alimento
continuo.
Gota
a gota va nutriendo y vivificando.
Bajo
él, la tierra dormita
gestando
nueva vida,
auténtico
magma de energía creativa.
Primeras
flores de almendro,
esperanza
de lo que vendrá,
alegría
de la proximidad de la primavera,
promesas
de amor en cada pétalo.
Citrones
blancos,
campanillas
rosas y lilas,
flores
amarillas y de infinitos colores
que
llenan la tierra de aromas.
Néctar
de fantasía e ilusión,
una
explosión de luz y de color,
un
verdadero arcoíris en la tierra.
La
pasión de vida está presente de forma veraz ante nuestros ojos.
No
hay duda de que ha llegado el resurgir,
el
florecer de la primavera y del amor.
Las
briznas del cereal van creciendo poco a poco
hasta
destacar por encima de las flores,
cubriendo
la tierra de hermosas praderas verdes
como
si fuera una suave manta donde recostarse a descansar.
Pronto
las espigas la transformarán en colores ocres y dorados
invitando
al esparcimiento,
al
sosiego tras el alboroto de la primavera.
¡Um!...Ese
olor de cereal segado
en
las noches de verano bajo las estrellas
me
transporta a recuerdos de la infancia.
¡Ay
de los impasibles y llamativos girasoles
a veces cabizbajos buscando a su anhelado sol!
Llega
la cosecha y los ricos frutos nos ofrecen sus mejores sabores.
El
viento sopla y se lleva todo lo que no necesitamos.
Es
tiempo de limpieza, de tirar lastres,
de
soltar lo viejo, lo caduco, lo que ya no sirve
para
poder de nuevo interiorizar, sanar y volver a ser.
Gracias
a todos y todas los que asististeis el sábado a la inauguración de mi primera
exposición individual.
Sé
que varios estabais recién salidos o medio convalecientes de gripes y
constipados invernales, alguna se quedó en camita porque le fue imposible…estuviste
igualmente en pensamiento, lo sé. Sé que algunos veníais de una dura jornada de
trabajo y muchos hicisteis bastantes kilómetros… con niños y bebés a cuestas.
También hay quien estaba con el corazón en un puño por los duros momentos que
estaba atravesando. Pero aun así pusisteis la ilusión y el esfuerzo de
acompañarme en estos momentos tan especiales e importantes para mí. Muchísimas
gracias.
Para
mí la inauguración fue todo un éxito gracias a la participación y acogida que
me brindasteis. El ambiente se respiraba lleno de emoción y frescura. Me
regocija sentir que disfrutasteis con la contemplación de mis obras lo mismo
que yo disfruto creándolas. Vuestros ánimos y apoyo han sido un motor en todo
este proyecto. De nuevo gracias.
Fue
muy conmovedor veros allí, familia y amigos. Qué alegría reencontrarme con
amigos que no veía hace muchos años y con los que vinieron de sorpresa, ¡la que
he tenido que montar para coincidir!
María,
el cartel espectacular. Tuvimos algunos momentos tensos de última hora, ¡eh!, pero
qué bueno tener a una profesional como tú de amiga. Gracias.
Montse,
gracias por el servicio y el tentempié que nos ofreciste, todo estaba exquisito.
Y gracias por dedicar un espacio al arte y a los artistas que comenzamos. Da gusto
encontrar en el camino lugares y personas así.
En
el mismo instante de la celebración un alma cercana partía hacia otro mundo. Cómo
la alegría y el dolor pueden a veces entremezclarse, difuminando sus límites. Así
es la vida: momentos de regocijo y de pena, pero sin todos estos momentos no
sentiríamos ni viviríamos plenamente las luces y las sombras. Te dedico estas
líneas, tito Juan. Gracias por coincidir en este espacio-tiempo y enseñarme
todo lo que sabías aportar desde tu ser. Que la luz y el amor guíen tu nuevo
camino.
Para
ésta, mi primera exposición individual, he realizado una serie de paisajes:
“Doce meses, doce paisajes”.
Además
he recopilado cuadros de toda mi trayectoria pictórica, como la serie
“Fantasía”, algunos ejercicios prácticos yel
trabajo de Arte-Terapia que realizo en Barcelona (Pintura de Inspiración).
La
serie de paisajes está inspirada en paisajes de LaVall
dels Alforins. Estoy muy agradecida de vivir rodeada de tanta majestuosidad y
hermosura y poder apreciarlos desde mi ventana.
La
naturaleza me aporta mucha paz. Su contemplación, sumergirme en su esencia
divina, captar toda la belleza y color de cada detalle, ser testigo de su orden: puro, continuo.
Sus ciclos, donde cada elemento ocupa su
lugar en total armonía, siendo consciente de su función, de su perfecto anclaje
con el resto, único e imprescindible.
La
conexión con la naturaleza nos recuerda nuestro verdadero origen. Es parte fundamental
de mi pintura. Una auténtica maestra de vida.
Actualmente
también me siento muy cómoda con anti-técnicas. Con ellas, he encontrado un
espacio donde disfrutar plenamente.
Colores y pinceladas danzan
libres, dejando que se exprese mi niña interior y mi corazón. Y así, las formas
surgen espontáneamente, como por arte de magia, y el cuadro me habla.
La
pintura me permite expresar mis emociones y sentimientos, siendo un reflejo de mi mundo interior y
exterior.